ANÁLISIS FAESDel chavismo al castrismo

25/10/2016

"El régimen chavista viene sometiendo a Venezuela a un golpe de estado permanente. Quien considere que la afirmación es exagerada debería proponer otra calificación para la sucesión de atentados contra derechos elementales que sufre la oposición democrática, para las privaciones que tienen a los venezolanos luchando diariamente por un mínimo sustento, para la degradación que experimenta la vida social por efecto de la violencia, tanto la atribuible a la delincuencia como la dirigida por el régimen.

En apenas tres días, el régimen presidido por Nicolás Maduro ha perpetrado la destrucción de los últimos restos de institucionalidad democrática que quedaban todavía en pie gracias al compromiso de la oposición. Por un lado, la sala electoral del Tribunal Supremo ha alterado arbitrariamente las reglas del referendo revocatorio presidencial exigiendo la firma del 20 por ciento del electorado en cada estado y en el distrito capital en vez de requerirlo a nivel nacional. Por otro, varios tribunales penales estatales han suspendido sin más el proceso de recogida de firmas para la solicitud del revocatorio, quedando de esta forma sentenciada la posibilidad de que el pueblo venezolano se pronuncie sobre la continuidad del chavismo, de acuerdo con lo que dispone la propia Constitución bolivariana. Si lo anterior no fuera suficiente -y no se avista límite en la degradación del régimen-, la Asamblea Nacional ha sido asaltada por una banda de elementos chavistas que ya que no ha podido romper las urnas, buscan eliminar a los que ha salido de ellas.

Al quebrar el proceso dirigido al referéndum revocatorio y someter a la propia Asamblea a la coacción y a la violencia organizada por el gobierno, el régimen en Venezuela se instala irremisiblemente en el territorio de las dictaduras. No se trata sólo -a pesar de su gravedad- de que las principales personalidades de la oposición se hayan convertido en víctimas de la arbitrariedad. Ahora son las instituciones, aquellas en las que la oposición se expresa en su condición de representación mayoritaria y legítima del pueblo, las que el régimen chavista busca neutralizar. Ahora, es un proceso constitucional, el plebiscito revocatorio, el objeto de las trapacerías de jueces indignos de ejercer la función jurisdiccional.  Ya no se trata de hostigamiento a la oposición, estamos ante la ‘solución final’ que el chavismo quiere imponer: la pura y simple erradicación de todo vestigio democrático. El socialismo del siglo XXI transita aceleradamente del chavismo al castrismo ante el estruendoso silencio de las democracias de Europa y América. Ver cómo las autoridades venezolanas concedían graciosamente la libertad de dos presos políticos al expresidente Rodríguez Zapatero recuerda demasiado a la utilización por el régimen castrista, y a su conveniencia, de los disidentes en prisión.

No está de más recordar el reproche de Hannah Arendt a los que pedían a los nazis que hicieran excepciones con “casos especiales” de judíos. Escribía Arendt en ‘Einchman en Jerusalen’ que los nazis, al pedírseles que hicieran excepciones, al concederlas en algunos casos y al ganarse así el agradecimiento de los interesados, terminaban creyendo que habían convencido a sus adversarios -judíos o no- de la legalidad de lo que estaban haciendo. Y añadía Arendt que lo que resultó “moralmente desastroso” es que quien pedía que se hiciera una excepción  implícitamente reconocía la regla general aunque no fuera consciente de ello.

El diálogo entre gobierno y oposición avalado por el Vaticano es un encomiable esfuerzo de mediación pero, con estos antecedentes, su sentido no es evidente por sí mismo, más allá de intentar que Nicolás Maduro evite los peores excesos represivos en los próximos días, que no sería poco. En ese eventual diálogo la desigualdad de las partes es abrumadora. A un lado de la mesa se sentará un gobierno que no respeta ni una sola de las condiciones mínimas de la institucionalidad democrática y el Estado de derecho; que maneja a su antojo a los jueces contra la oposición; que mantiene más de un centenar de presos políticos y somete a la oposición a un estado permanente de coacción y amenaza. Al otro lado, una convergencia de partidos que se esfuerza en jugar dentro de la propia legalidad bolivariana y que ni siquiera así evita la agresión del régimen.

Los dos líderes más destacados de la oposición ya se han distanciado de las falsas  expectativas que, una vez más, el régimen chavista quiere alimentar. Henrique Capriles ha declarado que se enteró por la prensa del acuerdo para iniciar el diálogo en Isla Margarita el próximo domingo. Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, ha subrayado que no se dan las condiciones para ese diálogo. El riesgo de que la reunión de Isla Margarita sea utilizada por Maduro como una maniobra para distraer a la comunidad internacional y dividir y desactivar a la oposición es un riesgo cierto.  Por eso es una buena noticia que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) haya precisado el carácter de ese diálogo, las condiciones imprescindibles que debe respetar y el mantenimiento íntegro de la plataforma política opositora, incluido el procedimiento de exigencia de responsabilidad política a Nicolás Maduro que la Asamblea Nacional venezolana empieza a debatir hoy martes.

La próxima Cumbre Iberoamericana debería ofrecer el contexto adecuado para una expresión sincera y eficaz frente a lo que está ocurriendo en Venezuela, sin generar falsas expectativas en torno a un diálogo que, en vez de presionar a la oposición democrática e indefensa, debe exigir al régimen chavista el cumplimiento de condiciones ineludibles: libertad de presos políticos, referéndum revocatorio y un plan de choque para aliviar las insoportables carencias alimentarias y sanitarias que sufren los venezolanos.

Además del Partido Popular, habría que recordar la invitación que la Asamblea venezolana cursó al presidente de Ciudadanos o la actividad que Felipe González ha desarrollado en el país. Quienes por separado se han mostrado comprometidos con el futuro democrático de Venezuela deberían plasmar juntos ese compromiso en una mayoría que lo apoye”.