ANÁLISISPerú, problema y posibilidad, por Martín Santiváñez 

22/03/2016

Las elecciones peruanas son una gran oportunidad para consolidar una democracia que apuesta mayoritariamente por el fortalecimiento de las instituciones. Desde la caída del fujimorismo, el Perú ha logrado elegir sucesivamente a todos sus presidentes en elecciones limpias y el proceso de 2016 no será una excepción. Ahora bien, la polarización propia de un sistema partidista altamente fragmentado convierte a estas elecciones en un fenómeno complejo que presenta diversas variables objeto de análisis.  

Los que se fueron

Por un lado, la salida de dos candidatos importantes, Julio Guzmán y César Acuña, marca el derrotero de la primera vuelta. Julio Guzmán fue, hasta su expulsión por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), uno de los candidatos favoritos en la intención de voto. La fugaz candidatura de Guzmán presentó varias aristas. Por un lado, se trataba de un hombre que pese a presentare como nuevo en política sirvió en el gobierno de Ollanta Humala como viceministro y jefe de gabinete del Consejo de Ministros. Además, durante el auge del humalismo participó activamente en reuniones proselitistas del Partido Nacionalista presidido por Nadine Heredia. Guzmán, por supuesto, ha marcado distancia después de su paso por el humalismo, pero lo cierto es que varios de sus compañeros de ruta trabajaron para el gobierno de Humala y que su candidatura, apoyada de manera entusiasta por Nadine Heredia, ha sido tachada por el diseño improvisado de sus asesores. Tomando parte de la estrategia de marketing de PODEMOS, Todos por el Perú, el Partido de Guzmán (organización a la que él mismo se ha incorporado hace tan solo unos meses), mezcla un discurso estatista y progresista con el lenguaje macroeconómico propio de los organismos internacionales. Guzmán, apoyado en el Perú por los progresistas que también sostuvieron la candidatura de los Humala, ha sido defenestrado de las elecciones por varios errores en la presentación de su candidatura. Lo interesante del caso es que los progresistas que durante años han reclamado el cumplimiento fiel de las reglas de juego, ante la exclusión de Guzmán por su evidente falta de cumplimiento de las normas electorales, apoyaron la tesis del perdón político prefiriendo la ruptura de la normativa electoral con tal de mantener a su nuevo protegido en la contienda.

Distinta es la situación de César Acuña. Tras un inicio promisorio apuntalado por la posición de Acuña como ex Presidente regional y dueño de un conglomerado de universidades en el país, el acuñismo se vio envuelto en un escándalo de plagios y reproducciones de libros. Los ataques se centraron en la figura del candidato a la presidencia acusándolo de plagiar su tesis doctoral en la Universidad Complutense y de copiar la totalidad de un libro de un catedrático peruano. Tras estos ataques, su candidatura empezó a derrumbarse. Ni los aliados que sumó al inicio de su campaña (ex toledistas, ex ministros y congresistas de PPK, ex voceros de otros partidos y líderes de diversas agrupaciones) ni la estrategia del asesor que ayudó a los Humala a llegar a Palacio de Gobierno (Luis Favre, un ex trotskista al servicio del PT brasileño) lograron revertir la tendencia decreciente de su candidatura. Al final, ante la deserción de sus aliados y de su asesor brasileño, tachado ante el JNE y bajando en las encuestas, Acuña decidió aceptar su declive y concentrarse en salvar su imperio educativo.  

Los que quedan

Keiko Fujimori lidera las encuestas ampliamente desde hace varios meses. Sin embargo, tiene ante sí un proceso difícil por la activación del antifujimorismo, amplio en el espectro electoral. Un gran frente se apresta a derrotar al fujimorismo. En él confluyen los ppkausas de PPK, los restos del toledismo, los progresistas que apoyaron a los Humala, el propio humalismo y lo que queda del Partido Nacionalista, Acción Popular y su candidato Alfredo Barnechea y la candidata de la izquierda filo-chavista, Verónica Mendoza. Keiko Fujimori, a pesar de su giro hacia el centro y de presentar un discurso de unidad nacional que aspira a no repetir los errores y delitos del fujimorismo, tiene frente a sí la dura prueba de la segunda vuelta. Aunque es probable que venza en la primera, el ballotage cohesionará a toda la oposición en una sola candidatura antifujimorista. Hasta hace unas semanas, incluso bajo este supuesto, las encuestas daban por vencedora a Keiko. Sin embargo, activado el antifujimorismo, la volatilidad del electorado es dócil a los discursos radicales y rupturistas. Además, un clima de violencia se ha desatado y los mitines de Keiko Fujimori están siendo atacados sin cesar ante la pasividad del gobierno.

La caída de Julio Guzmán y César Acuña ha revitalizado la candidatura de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien fuera la novedad en las elecciones de 2011. Sin embargo, las últimas encuestas denotan el incremento en la intención de voto de Alfredo Barnechea, el candidato de Acción Popular, y Verónica Mendoza, la lideresa del Frente Amplio. Acción Popular es un partido de cuadros que participaron del gobierno de Fernando Belaunde y Barnechea ha sabido capitalizar la memoria del ex Presidente presentándose como un antagonista a lo que él llama “el modelo fujimorista de los últimos quince años”. Verónica Mendoza, por su parte, defiende lo que ella denomina “democracia imperfecta” venezolana y lleva entre sus candidatos al congreso a sendos defensores del terrorismo que asoló al país en los ochenta.

Por último, la Alianza Popular de Alan García (APRA) y Lourdes Flores (PPC) no logra abandonar el quinto puesto en las preferencias. Se trata, sin lugar a dudas, de la maniobra política más audaz de estas elecciones, pues une a dos partidos históricamente antagonistas, pero el electorado peruano, al día de hoy, no ha premiado esta alianza con su respaldo en las encuestas. Con todo, tratándose de una población volátil y de unas candidaturas que caen tan pronto como surgen, el panorama electoral peruano se condensa en la vieja frase del historiador republicano Jorge Basadre: Perú, problema y posibilidad.