Los comicios han marcado el rumbo claro y los vientos son favorables para el centro derecha europeo

05/11/2009

Celebrada esta mañana en Barcelona

Los comicios han marcado el rumbo claro y los vientos son favorables para el centro derecha europeo


En el acto también han participado José Manuel Lara, Pedro Fontana y Joaquín Trigo






/10.06.2009/
  
El presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), José María Aznar, ha pronunciado hoy miércoles, 10 de junio, en Barcelona, una conferencia sobre la situación económica. La intervención de Aznar, que ha incluido la presentación del libro España puede salir de la crisis, ha tenido lugar en Esade, en un acto en el que también han participado José Manuel Lara, presidente de Planeta; Pedro Fontana, presidente del Patronato de Esade; y Joaquín Trigo, director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional. Esta tarde, a las 18:00 horas, Aznar firmará ejemplares de España puede salir de la crisis en El Corte Inglés de Diagonal, 617.



A continuación, se reproduce la intervención de José María Aznar durante la conferencia pronunciada en Esade:



Comenzaré por explicarles por qué me decidí a escribir este libro.

Fue hace  aproximadamente un año.


Se habían celebrado en España unas elecciones generales, y fui plenamente consciente de que España se sumergía rápidamente en una crisis económica y social muy profunda.


Mientras foros, instituciones y personas de gran prestigio advertían de la llegada de la crisis, me quedó claro que el Gobierno español, enfrentado al dilema de hacer frente a la crisis con una política económica sensata o negar la crisis, para eludir responsabilidades, prefería negar la crisis. Se optaba por la política del avestruz.


Fui consciente por entonces de que, para el momento en el que este libro viera finalmente la luz, es decir, en la primavera de 2009, la estrategia negacionista sólo llevaría a agravar la crisis económica y social.


Cuando escribía este libro, fui también consciente de que la estrategia negacionista tendría sus límites. A medida que la crisis avanzara y ésta fuera ya imposible de negar, el Gobierno tendría que admitir su existencia. Aquí, de nuevo, cabrían dos posibles reacciones. La primera, que el gobierno pusiera en marcha políticas de reforma económica y de lucha responsable contra la crisis.


La segunda, tristemente más probable y que finalmente acabaría por materializarse, que el gobierno se intentara aferrar a la excusa del carácter global de la crisis para eludir, de nuevo, su responsabilidad por las consecuencias de sus malas políticas.


Y es que, como ha explicado muy bien Xavier Sala i Martin, esta crisis de la economía española tiene mucho de crisis "made in Spain".


Con todo, lo que me realmente me motivó y movió a escribir este libro fue el intento de evitar que la sociedad española se instalara en el pesimismo, en el "nada se puede hacer para salir de la crisis", en el "esperemos a que la crisis se resuelva sola u otros la resuelvan por nosotros".


Hoy resulta evidente el fracaso y la irresponsabilidad de quienes acusaban de catastrofistas y antipatriotas a quienes se limitaban a advertir con prudencia de los nubarrones en el horizonte.


Ortega afirmó que la realidad que se niega prepara su venganza. El gobierno negó la crisis y la realidad se ha vengado, alcanzando en pocos meses la cifra de cuatro millones de parados.


En este libro hablo mucho de confianza. Los que me conocen saben que le doy mucha importancia a esa virtud en todos los órdenes de la vida. Las relaciones personales se fundamentan en la confianza. Las relaciones empresariales, también. Y la obligación de un gobierno en materia económica es inspirar confianza. Un gobierno que no la inspira tiene prácticamente imposible alcanzar el éxito económico.


Y poca confianza puede inspirar quien en poco tiempo pasa de negar categóricamente la crisis a afirmar que es la peor de la historia económica de España.


Poca confianza inspira quien negando la crisis califica a los demás de antipatriotas y catastrofistas y poco después afirma saber todo lo que hay que hacer para salir de la crisis.


Poca confianza inspira quien culpa de la crisis a la economía de los Estados Unidos y, en cuanto se produce un cambio de gobierno en este país, pasa sin solución de continuidad a culpar de la crisis al "modelo de crecimiento español", que identifican con el ladrillo.


Poca confianza inspira quien reacciona ante la crisis con un desmesurado incremento del gasto público y un déficit público descontrolado.


Poca confianza inspira quien promete un crecimiento muy fuerte de las inversiones del Estado en Cataluña que más tarde se ven defraudadas.


Yo soy de los que creo que la confianza se inspira cumpliendo lo que uno promete.


Es evidente que hay una crisis global que, como tal, golpea a todos los países. Pero es igual de evidente que, siendo global, golpea a España de manera especialmente grave. Ello tiene su causa y origen en factores internos que amplían la profundidad y el alcance de la crisis en España.


Conviene recordar que ningún país salvo España ha enviado a cerca de dos millones de personas al paro en apenas un año.


Que España genere siete de cada diez parados europeos, o que en España se cierren cuatrocientas empresas todos los días significa que algo se ha hecho y se sigue haciendo mal, muy mal, en la política económica española.


Que un país como Holanda, de 17 millones de habitantes, haya generado a lo largo de todo el último año 5.000 parados, es decir, los parados que España genera en un solo día, debe mover a la reflexión. De tener la población de España, Holanda habría generado 15.000 parados al año. España ha generado dos millones.


Y algunos llaman a esto política social.


En este libro analizo en primer lugar la crisis internacional. Sus causas, cómo se ha transmitido, y qué ha fallado.


Y destaco que además de factores puramente económicos han concurrido factores morales.


Entre ellos se encuentran la irresponsabilidad de muchos gobernantes, la falta de profesionalidad de muchos directivos públicos y la falta de ética de muchos directivos del mundo privado en el ámbito financiero.


Tampoco es ajeno a la crisis el desprecio a determinados principios y valores en los que se sustenta la prosperidad. Haber dejado de lado virtudes como el trabajo bien hecho, el esfuerzo personal, el deseo de superación y la honradez ha pasado al cobro una abultada factura.


En la segunda parte del libro comienzo por exponer mi punto de vista acerca de las razones que llevaron a nuestro país a iniciar en 1996 una década de intenso crecimiento y de creación de empleo sin precedentes en las historia de nuestro país.


Explico por qué se crearon más de cinco millones de empleos a partir de una herencia del 23 por ciento de paro. Y relato cómo fuimos capaces de entrar en el euro y alcanzar la máxima calificación de nuestra deuda, la triple A, retos impensables en 1996, cuando el gobierno socialista nos dejó en herencia un déficit del 7 por ciento del PIB, una Deuda pública de casi el 70 por ciento del PIB, tipos de interés del 12 por ciento, una inflación descontrolada y cuatro devaluaciones de la peseta.


España no cumplía en 1996 ningún requisito para entrar en el euro. Pero conseguimos pasar del club de los PIGS al club del euro. En el libro revelo alguno anécdota de mis reuniones con Prodi, por entonces, primer ministro italiano, que me propuso retrasar la entrada de España e Italia al euro. Por supuesto, me negué. Y me permití aconsejarle que hiciera todo lo posible por entrar a la vez que España. Creo que fue un buen consejo.


Por cierto que 48 horas después del resultado de las elecciones europeas, los comicios han marcado el rumbo claro y los vientos son favorables para el centro derecha europeo, son los vientos favorables de la libertad y del no proteccionismo. No sopla el viento de los europeos hacia más proteccionismo.


España entró en el euro y de la mano de una buena política económica, además de contribuir a crear cinco millones de empleos, sembramos el terreno para que se crearan cientos de miles de nuevas empresas, así como a que las existentes crecieran de tamaño y se expandieran internacionalmente.


En este terreno, Cataluña fue un ejemplo para el resto de España. Cataluña, impulsada por ese empresariado dinámico, innovador, abierto al mundo  y capaz de lograr grandes éxitos, tan bien representado hoy, aquí, en ESADE, fue un motor de crecimiento para toda España y un ejemplo internacional de tejido empresarial que sabe hacer bien las cosas y aprovechar las oportunidades.


Y es que, queridos amigos, creo poder afirmar, sin  riesgo a equivocarme, y a aunque a algunos no les guste oírlo, que nunca en sus 30 años de democracia Cataluña progresó tanto en el plano económico, laboral y social como en el periodo 1996-2004, con acuerdos políticos que eran buenos para Cataluña y buenos para España.


Al mismo tiempo, la buena marcha de la economía en ese período permitió multiplicar las inversiones públicas del Estado en toda España y, naturalmente, también aquí, en Cataluña. Las inversiones del Estado en Cataluña entre 1997 y 2004 fueron del 33,32 por ciento al año mientras que las inversiones del Estado en Cataluña entre 2005 y 2008 han sido del 2,58 por ciento al año. Una diferencia de casi el 31 por ciento.


Me siento muy orgulloso, por ejemplo, de que durante los ocho años de gobierno se proyectara en su integridad el AVE Madrid-Barcelona, se inaugurara el tramo Madrid-Zaragoza y quedara en muy avanzado estado de ejecución el tramo Zaragoza-Barcelona.


Me siento muy satisfecho también de haber impulsado desde el gobierno de España la mayor ampliación de la historia en el aeropuerto de El Prat.


Guardo asimismo un buen recuerdo de la pelea que dimos en Europa para acoger el ITER en Vandellós, en Tarragona, con el leal y pleno respaldo del entonces presidente Pujol. Sabíamos que era una misión difícil frente a Francia, como potencia nuclear, pero mi gobierno consiguió algo muy importante  que no se hubiera conseguido sin dar la batalla: que España acogiera la agencia de dirección del proyecto ITER. Recuerdo muy bien que anuncié a pocos metros de aquí, en enero de 2004, que Barcelona sería la sede de esa Agencia tan importante `para el futuro de la ciencia y para el desarrollo de la energía nuclear, tan importante para España.


Todo eso fue posible porque desde el gobierno se pusieron en marcha buenas políticas, y las buenas políticas dan buenos resultados y protegen frente a las crisis internacionales.


Y es que, queridos amigos, en este libro he querido también refutar la tesis gubernamental sobre los supuestos efectos inevitables de las crisis internacionales sobre la economía española. Porque en el período 1996-2004 hubo también crisis internacionales.


Estalló la burbuja de las punto-com y se produjeron los ataques terroristas del 11-S. Se produjo una grave crisis financiera que llevó a Alemania, Francia e Italia a una profunda crisis económica. Eran los años 2001, 2002 y 2003.


Y en esos años, mientras el paro se disparaba en Francia, Italia y Alemania, España apenas se enteró. España nunca dejó de crecer por encima del 2,5 por ciento.


Por entonces, España creaba más empleo que Alemania, Francia e Italia juntas.


Hoy España crea más paro que Alemania, Francia a Italia juntas.


Y si no es lo mismo crear más empleo que Alemania, Francia e Italia juntas que crear más paro que Alemania, Francia a Italia juntas, tampoco es lo mismo crear cinco millones de empleos, que provocar una crisis que, por desgracia, nos va a colocar en los cinco millones de parados.


Y convendrán conmigo que no es lo mismo dar empleo a cinco millones de personas que enviar al paro a cinco millones de españoles.


A mí me parece que lo social es crear cinco millones de empleos y lo antisocial quitarle el derecho a trabajar a cinco millones de españoles.  Y quiero recordar que la tasa de paro en Cataluña era del 19,36 por ciento en 1996 y la tasa de paro en Cataluña en 2004 fue del 10,23 por ciento. Y el número de parados en el primer trimestre de 2008 fue de 290.800 mientras que el número de parados en el primer trimestre de 2009 ha sido del 622.700.  Más del doble en un año.


En el libro expongo mi opinión sobre las causas que han llevado a España a una crisis sin precedentes y sin comparación por su gravedad social con cualquier país de nuestro entorno.


Las causas se resumen en dos: cinco años de socialismo económico y desvertebración del país.  Los expertos del Observatorio Económico de la Fundación, entre ellos, y de forma muy destacada, Joaquín Trigo, cuyas opiniones y análisis me han sido muy útiles en la confección de este libro, lo han venido explicando muy bien.


Cinco años de socialismo económico quiere decir cinco años de crecimiento excesivo del gasto público ?"crecimientos de nada menos que el 9 por ciento años tras año- y cinco años de crecimiento descontrolado en el número de funcionarios. Más de tres millones de funcionarios en la actualidad, cosa que no había ocurrido nunca.


Cinco años de socialismo económico quiere decir también cinco años de subidas de impuestos y, en estos dos últimos años, de crecimiento desmesurado del déficit público y de la deuda pública, es decir, de los impuestos futuros.


Y queridos amigos, esto tiene mucho que ver con la financiación de Cataluña.


Hay dos formas de entender la mejora de la financiación. Una es limitarla al campo de la financiación  autonómica. En ese terreno, yo me siento muy satisfecho de haber sido capaz de forjar, en 2002, un acuerdo unánime sobre financiación autonómica. Y fue unánime porque el gobierno de la Generalidad se sumó a ese acuerdo. Porque era bueno también para Cataluña.


Ahora bien, cuando uno baja los impuestos y además reduce el déficit público y la deuda pública, mejora la financiación de las empresas y los ciudadanos. Eso es lo que hicimos desde el gobierno. Bajar el IRPF dos veces y de forma sustancial. Suprimir el Impuesto de Actividades Económicas. Rebajar el impuesto sobre sociedades para las pymes. Eso es también mejorar la financiación de Cataluña. Y creo que fue bueno para todos los catalanes.


Ahora bien, cuando se suben los impuestos presentes, como ha ocurrido en los últimos años, y se suben los impuestos futuros a través del déficit y la deuda pública, se empeora la financiación de las empresas y ciudadanos que residen en ese territorio. Y eso es lo que está pasando ahora en el conjunto de España y también aquí, en Cataluña.


Cataluña va a ser, junto con Madrid, una de las Comunidades más perjudicadas por el incremento del déficit y de la deuda pública. Aquí tocará pagar buena parte de esa factura financiera.


Han sido también cinco años de socialismo económico porque han sido cinco años de recorte de la libertad económica y de intervencionismo público en el mundo empresarial, cinco años de debilitamiento de las instituciones económicas supuestamente independientes y cinco años de alergia a la figura del emprendedor.

Todo ello ha acabado por provocar una nueva crisis económica y el retorno del paro masivo.


Han sido cinco años de socialismo pero también cinco años de desvertebración del país. Y quiero decirlo aquí, en Barcelona, en Cataluña, porque es precisamente la economía catalana, son las empresas catalanas, las más productivas, las más competitivas, las más eficientes, las que más tienen que ganar de un mercado español sin barreras, las que han resultado y resultan perjudicadas por la segmentación del mercado español en diecisiete pequeños submercados.


La ruptura de la unidad del mercado está también detrás de la grave crisis económica y social que azota a nuestro país.






He escrito este libro desde tres convicciones personales. La primera es que toda crisis es, en última instancia, una crisis política.


La crisis está golpeando con tanta dureza a España porque, cuando llegó, nuestro país ya sufría un fuerte deterioro político. Estoy firmemente convencido de que como la crisis es, al final, política, la solución también deberá ser política.


Es decir, sólo con un ambicioso proyecto reformista y con la determinación de poner en marcha medidas ambiciosas que convoquen a toda la sociedad en un objetivo de futuro, será posible superar la crisis y retomar la senda de la prosperidad y progreso para España.


Mi segunda convicción es que necesitamos que una amplia mayoría de españoles recupere la voluntad de unir sus esfuerzos para volver a poner a España en marcha. La crisis es, y va a ser, de tal profundidad que se necesitará un gran esfuerzo colectivo para superarla.


Me parece que es evidente que uno de los principales problemas que hoy tiene España es que el impulso político nacido históricamente durante la Transición democrática se ha agotado, y necesitamos recuperarlo.


Aquél fue un impulso político que convocó a todos los españoles, como nación, para que España pudiera ser un país normal, una democracia parlamentaria, un régimen político abierto y perfectamente comparable a los de cualquier democracia consolidada, con una economía de libre mercado que también pudiera competir en el mundo.


Necesitamos recuperar un impulso político que convoque a todos y que pueda ser compartido por una inmensa mayoría.


Lo necesitamos porque es indispensable poner en marcha una ambiciosa Agenda Nacional de Reformas, cuyo contenido me atrevo a proponer en la tercera parte del libro, para que España supere la crisis y vuelva a tener una economía dinámica y creadora de empleo. Como es indispensable, nos hará falta aglutinar los mayores apoyos posibles y ser muy conscientes de que, en todo caso, las reformas son imprescindibles. 



Mi tercera convicción es que podemos superar la crisis. Estoy seguro de ello porque confío en mi país y en su capacidad. Estoy convencido de que podemos conseguirlo porque vi muy de cerca ?"me atrevo a decir que, en alguna medida, fui protagonista- cómo España superó la gravísima crisis de los años noventa. Estoy convencido porque sé que los españoles responden con trabajo y generosidad cuando se les convoca a un objetivo nacional que merece la pena.


El problema es que en los últimos años hemos equivocado el rumbo, perdido el tiempo y hasta retrocedido. Y ahora el deterioro económico y social marca la urgencia de las reformas.


Será más difícil, pero no es imposible. Mi confianza está bien fundamentada, entre otras cosas porque se apoya en la experiencia y en los hechos.


Sé que los españoles podemos superar situaciones muy difíciles porque lo hemos hecho en el pasado.


Sé de la capacidad de trabajo, de superación y de mejora de los españoles porque he tenido el honor, durante ocho años, de liderar esta nación como presidente del Gobierno.


He escrito este libro como una apelación a la confianza y a la responsabilidad. Harán falta líderes capaces de transformar las propuestas de reforma en políticas reformistas y de convocar a una amplia mayoría de los españoles para que esas políticas tengan el respaldo y la aceptación necesarias para que funcionen.


España necesita personas con capacidad de liderazgo, con convicciones, con principios, con valores, con plena confianza en la capacidad de la Nación, para salir de la crisis.


Confío en que mis reflexiones puedan ayudar, siquiera mínimamente, en esta imprescindible tarea.