Inauguración de las jornadas sobre Isaiah Berlin

05/11/2009

Inauguraci?n de las jornadas sobre Isaiah Berlin

/28.01.2008/ Jos? Mar?a Aznar ha inaugurado hoy lunes, 28 de enero, las jornadas organizadas por la Fundaci?n para el An?lisis y los Estudios Sociales (FAES) y la Fundaci?n Jos? Ortega y Gasset que se celebran hoy lunes y ma?ana martes, 28 y 29 de enero, sobre el pensador liberal Isaiah Berlin.

A continuaci?n se reproduce de forma ?ntegra la intervenci?n del presidente de FAES:
Me produce una gran satisfacci?n inaugurar estas Jornadas de homenaje a Isaiah Berlin. Y el motivo de mi satisfacci?n es doble.

El primero, compartir esta inauguraci?n de las jornadas con el profesor Jos? Varela Ortega, presidente de la Fundaci?n Jos? Ortega y Gasset, y buen amigo m?o.?

El segundo, colaborar en una nueva jornada de homenaje a los grandes pensadores liberales.

La Fundaci?n que me honro en presidir ha organizado en el pasado reciente jornadas de homenaje a Raymond Aron, a Alexis de Tocqueville y a Milton Friedman. Hemos publicado hace pocos meses el libro de memorias de Jean Fran?ois Revel, "El ladr?n en la casa vac?a", con un extraordinario pr?logo de Mario Vargas Llosa. Publicaremos en breve la reedici?n en castellano de un cl?sico de Milton Friedman, "Libertad de elegir", y estamos a punto de publicar un libro de la Fundaci?n FAES sobre este mismo autor, padre de la Escuela de Chicago.

Volcados como estamos en difundir las ideas liberales, no pod?a faltar en el programa de actividades de la Fundaci?n un merecid?simo homenaje a Isaiah Berlin.

Este gran historiador de las? ideas no tuvo disc?pulos directos entre los espa?oles, pero varios historiadores vinculados a esta casa, como el propio Jos? Varela, Juan Pablo Fusi o Joaqu?n Romero-Maura tuvieron la oportunidad de tratarle casi a diario en Oxford,? a comienzo de los a?os setenta, cuando trabajaban en sus tesis doctorales, bajo el magisterio de Raymond Carr, en el Centro de Estudios Ib?ricos de Saint Anthony"s College.

Fusi describe a Berlin como un "conversador excepcional, ingenioso, apasionado, de exquisitas maneras y extremada cortes?a, y una inolvidable gentileza en el trato."?

Berlin frecuentaba? Saint Anthony mientras se constru?a el Wolfson College, del que ser?a presidente entre 1967 y 1975, y donde se produjo su encuentro con Henry Hardy, su albacea literario, que nos honra hoy con su presencia.?

Yo no he tenido, desafortunadamente, la ocasi?n de conocer a Berlin, como algunos pol?ticos norteamericanos, ingleses o israel?es que gozaron del privilegio de? recibir sus consejos. Tampoco me he embarcado en pol?micas con ?l, al contrario que mi amigo Tony Blair, cuando discrep? de la? desconfianza de Berlin en la capacidad de la izquierda pol?tica para producir nuevas ideas.?

Pero, como la gran mayor?a de los liberales de hoy, hago m?o lo fundamental de su pensamiento.

Isaiah Berlin fue, sin duda, uno de los m?s importantes pensadores liberales? de la segunda mitad del siglo XX. Fue un historiador de las ideas, aunque su formaci?n, porque estudi? Filosof?a, le mantuvo siempre en un territorio fronterizo entre la historia, la filosof?a y la teor?a pol?tica y social.? Demostr? que las ideas son importantes e influyen decisivamente en la conducta de los individuos.

Pero, por encima de todo, el concepto central de toda su obra es la afirmaci?n de que los valores positivos que anhelan los seres humanos no son, todos ellos, compatibles entre s?. Su liberalismo tr?gico brota de la conciencia de que los m?s nobles ideales que animan a los hombres, es decir, la justicia, la libertad, la igualdad o la paz, no son alcanzables simult?neamente y a menudo se excluyen unos a otros.

Lo anterior le llev? a formular la idea central de su pensamiento, la de los sus dos conocidos conceptos de libertad, lo que ?l llamaba "libertad negativa" y "libertad positiva", as? como a extraer de esta convicci?n, en t?rminos pol?ticos, argumentos poderosos a favor de la libertad de elecci?n y del pluralismo ideol?gico.

Debo confesar que, como liberal, nunca me gust? la elecci?n terminol?gica de Berlin, pero por motivos de pedagog?a pol?tica. La libertad que a los liberales nos gusta, es decir, la libertad buena, es la que Berlin defini? como "libertad negativa", mientras que, por el contrario, calific? de "libertad positiva" a la falsa idea de libertad, utilizada por los enemigos de la libertad genuina como una inmensa trampa encaminada a arrebat?rnosla.

A lo anterior se une algo intuitivo: el concepto de libertad me evoca solamente sentimientos positivos.

Gracias a esta comprensi?n de la incompatibilidad rec?proca de los valores, Berlin desenmascar? el fundamento oculto de las sociedades totalitarias. Por el hecho mismo de que los valores est?n en conflicto entre s?, la idea de crear una sociedad perfecta es imposible.

Berlin demostr? que ese concepto de "libertad positiva" es la esencia de todas las teor?as pol?ticas emancipatorias, de la socialista a la comunista, porque todas estas teor?as quieren utilizar el poder pol?tico para "liberar", liberar entre comillas, a los seres humanos.

Esa idea, la de que el hombre puede estar alienado de sus verdaderas necesidades y su verdadero yo, y que ha de ser reeducado por el Estado y obligado a ser libre, es la base de todas las tiran?as totalitarias.

De acuerdo con Berlin, liberar al hombre significa algo muy distinto: significa liberarle de obst?culos, como los prejuicios, la tiran?a o la discriminaci?n, para ejercer su propia y libre elecci?n.

Ah? est? la ra?z de su rechazo a cualquier utop?a social, y su l?cida autopsia del comunismo, que Berlin defini? como "una fe cuasirreligiosa, ardiente y sectaria" que "niega que los diversos ideales de vida" no puedan ser "totalmente reconciliables entre s?".

Berlin, Aron, Tocqueville y Friedman se ocuparon de sacar a la luz la podredumbre ideol?gica del socialismo real. El derribo del Muro de Berl?n se encarg? de certificar la defunci?n de ese entramado ideol?gico y pol?tico.

Porque la libertad, la igualdad y la fraternidad, los lemas supremos de la tradici?n emancipadora desde la Revoluci?n Francesa, eran, seg?n demostr? Berlin, ideales "hermosos pero incompatibles entre s?". El comunismo hab?a heredado este credo y los "ingenieros del alma humana" de Stalin intentaron, de acuerdo con ?l, moldear a los seres humanos en formas id?nticas.

El rechazo de cualquier utop?a social que pretendiera imponer por la fuerza la reconciliaci?n de valores humanos mutuamente incompatibles le vali? a Berlin el resentimiento de la izquierda de su ?poca, que le tach? de "inmigrante blanco" y de "cazador anticomunista de brujas".

Obviamente, esto no le inhibi? a la hora de ofrecer su apoyo a los disidentes de los reg?menes de la Europa del Este, o de abstenerse de emitir condenas de la intervenci?n de la administraci?n Kennedy en Cuba, tan de moda entre la izquierda estadounidense, alegando? "que a Castro le importan tan poco las libertades civiles como a Lenin y Trotski".?

A m? siempre me atrajo de Berlin su ?nfasis en la divisi?n propia del ser humano, desgarrado en el conflicto rec?proco entre los fines y objetivos que los hombres persiguen.

Berlin hizo de esta escisi?n humana, interior y exterior, el fundamento mismo de un sistema de gobierno liberal.

Nunca se subraya suficientemente su idea de que una sociedad libre es una sociedad buena porque acepta el conflicto entre los bienes humanos y mantiene, a trav?s de sus instituciones democr?ticas, el foro en que dichos conflictos pueden desenvolverse pac?ficamente.

En estos tiempos que corren en Espa?a, Berlin asistir?a at?nito a hechos tan ins?litos como que los que los pol?ticos que se proclaman de izquierdas hayan iniciado una cruzada contra el principio de igualdad y hayan triturado el principio de solidaridad.

Se aprueban Estatutos de autonom?a que reinstauran los privilegios territoriales y aniquilan el principio de igualdad de derechos ante la Ley de los ciudadanos en una misma Naci?n.

Se hace volar por los aires un Plan Hidrol?gico Nacional que busca garantizar la solidaridad y, en su lugar, se prefiere que el agua acabe en el mar, poblando simult?neamente el litoral espa?ol de f?bricas productoras de di?xido de carbono, al tiempo que se erigen ellos mismos en adalides de la lucha contra el cambio clim?tico y aspiran a repartir carn?s de ecologistas en r?gimen de monopolio.

Se crean Agencias Tributarias regionales encaminadas a evitar la redistribuci?n de la renta a favor de quienes menos tienen.?

Estos ataques a la igualdad y a la solidaridad en Espa?a no se han hecho, siquiera, en defensa de la libertad. Porque estrechar la mano que acaba de apretar un gatillo y negociar pol?ticamente con terroristas que ponen encima de la mesa su pistolea humeante no es otra cosa que sacrificar el valor supremo? de la libertad.

Qui?n les iba a decir a los antiguos socialistas o progresistas antiguamente espa?oles y hoy digamos sumidos en la pluralidad, que al final las grandes ofertas las iban a encontrar en las viejas pr?cticas caciquiles de Romero Robledo o del conde Romanones o de tantos otros, o en la compra de votos.

Berlin cre?a en el papel decisivo del individuo en los procesos hist?ricos. Para Berlin, la funci?n del conocimiento hist?rico es delimitar el espacio exacto del que dispon?an los actores hist?ricos para actuar, entender c?mo y para qu? utilizaron su libertad y valorar sus actos seg?n el criterio de las alternativas reales que en ese momento estaban a su alcance.

Ejercicios de utilizaci?n pol?tica de la historia, como el perpetrado por la Ley de Memoria Hist?rica,? hubieran sido, l?gicamente, desaprobados por Berlin.

La implicaci?n pol?tica de la argumentaci?n de Berlin es, en consecuencia, que la sociedad de individuos e instituciones libres depende de la responsabilidad individual y de la libre elecci?n.

Para un pol?tico liberal es esencial transmitir a los ciudadanos que cada individuo es libre y responsable, con capacidad de ejercicio moral, y que su libertad es su mayor tesoro.

La atracci?n de la teor?a determinista, que sostiene que dependemos de fuerzas supuestamente m?s poderosas y de que otros pueden decidir por nosotros mejor que nosotros mismos, acecha en el deseo de eludir nuestra responsabilidad, aun a costa de renunciar a nuestros derechos.

El hecho de que los ideales humanos puedan ser rec?procamente incompatibles no significa para Berlin que debamos desesperar y declararnos impotentes.

Significa, por el contrario, que debemos tomar conciencia de la importancia de la libertad de elegir. Los argumentos a favor de la responsabilidad y de la libertad de elecci?n son irrefutables razones para comprender que la tolerancia y el pluralismo pol?tico constituyen, m?s que imperativos morales, necesidades pr?cticas para la supervivencia de los hombres.

Estoy seguro de que en este tema, tan importante, se profundizar? y se discutir? de ello en las conferencias y mesas redondas de estas jornadas.

Para finalizar esta presentaci?n, me gustar?a subrayar ?"aunque creo que de ello tratar? por extenso y mucho mejor que yo Henry Hardy en su conferencia sobre "La ciudadela interior de Berlin"- dos circunstancias que marcaron la vida y la obra del historiador brit?nico: su encuentro con disidentes rusos, y su condici?n de exiliado.

Berlin persisti? en una lucha tit?nica, que se convirti? en su modo de vida, para poner paz entre sus tres identidades aparentemente imposibles de conciliar: rusa, inglesa y jud?a.

Digo aparentemente, porque, como el mismo sol?a afirmar, lo que m?s le conmov?a era la posibilidad de contrastar continuamente el car?cter eslavo que pose?a como herencia -"abierto, apasionado, espont?neo y ancho"- con el occidental que adquiri? ?""seco, calculador, inhibido y refinado"-, reconociendo que esto era algo s?lo posible para los exiliados.

La condici?n de extranjero en Inglaterra, donde lleg? con sus padres en 1921, contribuy? decisivamente tanto a la originalidad de su pensamiento como a su moral intelectual, fundamentada en el empirismo brit?nico. En su condici?n de expatriado, hizo de Gran Breta?a la naci?n-arquetipo de tolerancia y civilidad que constituy? su ideal de vida. A ello, hay que a?adir su condici?n jud?a, que determin? uno de los dilemas centrales de su vida: c?mo armonizar el sentido de dignidad con el anhelo de arraigo.

Berlin eligi? el exilio exterior, a diferencia de Boris Pasternak y Anna Ajmatova, dos grandes disidentes del totalitarismo comunista, a quienes conoci? en 1946, en Leningrado, que hab?an optado por el exilio interior en el amor de su lengua materna y de una Rusia desaparecida en la Revoluci?n de Octubre. Su visita a Rusia le permiti? encontrarse de nuevo con la cultura de su infancia, a la vez que le dio la posibilidad de conocer a los dos mayores disidentes rusos.

El encuentro con ellos fortaleci? su anticomunismo, que no fue ya s?lo el rechazo de una utop?a delet?rea, sino una declaraci?n? de lealtad perpetua a la disidencia. Pasternak y Ajmatova le demostraron que el genio individual puede florecer en la resistencia contra la m?s extrema de las dictaduras totalitarias.

Durante estas Jornadas en Madrid y Barcelona se hablar? mucho de la actualidad de las ideas de Isaiah Berlin y de la necesidad de desarrollarlas, de volver a pensarlas de cara al futuro. Yo quisiera concluir recordando aquellos versos del epitafio que el poeta irland?s Yeats escribi? para Jonathan Swift, y que Michael Ignatieff aplicaba con envidiable exactitud al? nuestro pensador:

Im?tale si es que puedes,

Viajero ah?to de mundo;

Sirvi? a la humana libertad.

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