PRUDENCIA, CONFIANZA Y NORMALIDAD DEMOCRÁTICA

04/05/2020

Iban a ser, como mucho, unos pocos contagios y vamos por 216.000. De muertos ni se hablaba y oficialmente superamos los 25.000. El impacto económico iba a ser “poco significativo” y ahora, sólo ahora, empiezan a poner números al descalabro. Aunque es poco probable, sería deseable por nuestro propio bien que el Gobierno acertara. Aun así, nadie le pide que sea infalible; a estas alturas nos basta con que sea prudente, que sea transparente hasta donde es posible –que es mucho–, que si se equivoca no sea porque el error va siempre a su favor, que trate a los ciudadanos como adultos, que confíe en los españoles y no los considere simplemente como el campo de experimentación de su continuo ejercicio de manipulación propagandística ya sea invocando a la OCDE o a la Universidad Johns Hopkins. Bastaría con que el Gobierno iniciara su propia desescalada desde ese monte de arrogancia al que se ha subido. Bastaría con que superase su adicción a la comodidad que le ofrecen los poderes extraordinarios, el estado de alarma y el mando único y, mientras disponga de ellos, los utilice sabiendo que se le conceden por la Constitución no para esa “nueva normalidad” de ingeniería social autoritaria, sino para recuperar la simple normalidad democrática, el vivir libre de los ciudadanos.