LA RIQUEZA NACIONAL Y EL INTERÉS GENERAL

01/04/2020

Es curioso que, en estas circunstancias, el vicepresidente 2º del Gobierno, Pablo Iglesias, se dedique a tuitear el artículo 128 de la Constitución que subordina al interés general toda la riqueza nacional cualquiera que sea su titularidad y reconoce la iniciativa pública en la actividad económica, la posibilidad de que el sector público se reserve por ley recursos o servicios esenciales, así como la intervención de empresas por razones también de interés general.

Y es curioso porque el vicepresidente del Gobierno ha venido descalificando la Constitución que ahora cita como una prolongación lampedusiana del franquismo, hasta el punto de elogiar la -en su opinión- sagacidad de ETA y de la denominada “izquierda abertzale” para darse cuenta de que aquello que la inmensa mayoría de los españoles consideramos como uno de nuestro mejores logros colectivos era en realidad un fraude.

Nada tiene de escandaloso que la riqueza nacional esté subordinada al interés general. Pero Iglesias debería perder otras esperanzas porque, -esa es la mala noticia para el vicepresidente-, la Constitución no ampara el chavismo.

Entre las muchas cosas que está poniendo de manifiesto esta crisis, una especialmente importante consiste en desmentir el prejuicio ideológico y el dogmatismo político de la izquierda populista y autoritaria. ¿La riqueza sometida al interés general? Claro que sí. Por eso, en medio de un confinamiento general, en medio de la paralización total de la actividad económica, en España funcionan con niveles de excelencia los servicios digitales, la energía, los servicios financieros, el transporte, la agricultura. Funciona la solidaridad con empresas grandes y pequeñas que, desde su libre decisión, han reconvertido sus procesos productivos y en vez de hacer coches fabrican respiradores y en vez hacer zapatos o muebles, confeccionan batas y mascarillas. Funciona la sociedad civil que de manera organizada o espontánea fortalece los vínculos comunitarios y de ayuda mutua. Funciona precisamente todo lo que niega este comunismo impaciente que sigue esperando el momento de que llegue su hora. Y sí, tiene que funcionar también el Estado, el Estado del bienestar que crearon las democracias europeas, que se ha construido gracias a la riqueza generada por las economías abiertas y la libertad de emprender y que de nuevo hoy sigue mostrando su superioridad en justicia, en solidaridad y en libertad sobre esos supuestos paraísos del socialismo que, desmentidos sin excepción por la realidad y la historia, solo existen en la mente de Pablo Iglesias y los suyos.