ANÁLISIS La “nueva política”: jugar con el tiempo y la utopía, por Mario Ramos

08/04/2016

La “nueva forma de hacer política” ha quedado escenificada en Plenos municipales, Asambleas regionales, Congreso y Senado por medio de llamamientos a aprobar leyes de emergencia social, iniciativas para revisar el callejero en aras de la memoria histórica o la creación de comisiones que enjuicien toda la acción de gobierno de Ejecutivos anteriores. Esta teatralización de lo político reverbera en las declaraciones realizadas por el líder de uno de los nuevos partidos a colación de los atentados terroristas de Bruselas: “En este momento, toca la unidad de todas las fuerzas políticas”. La formación política encabezada por este joven académico, que decide qué es “lo que toca”, ha sido encasillada bajo el epíteto del populismo. Consideramos esencial no simplificar en exceso ni obviar lo que subyace bajo la misma.

Por una parte, esta formación de extrema izquierda persigue la utopía de una sociedad sin clases, o por lo menos así lo señalaba hasta que “tocó” encasillarse bajo el respetable paraguas ideológico de la socialdemocracia escandinava –“Nos hemos quedado solos en el campo de la socialdemocracia”, llegó a manifestar–. Pese a todo, el caudal utópico que late bajo los simpatizantes, las proclamas y los productos intelectuales que acompañan al partido de nuevo cuño y su empeño de asaltar el cielo están ahí. No obstante, no se trata de la utopía de la edad de oro de Hesíodo, ni de la isla de santo Tomás Moro. Tampoco corresponde a otras ensoñaciones de edificante perfección. Se trata de una función de cambio social, tal y como señalaron los profesores Barbara Goodwin y Keith Taylor en su obra The Politics of Utopia. A Study in Theory and Practice. En este sentido, el esquema utópico sería un fenómeno que persigue su aplicación práctica, no un mero ejercicio teórico. De ahí que cada iniciativa, cada propuesta o cada movimiento en esta mascarada simbólica a la que asistimos apunte en la dirección de la conquista del poder. Así, hasta demoler la Transición española.

Simultáneamente, tratar sobre “lo que toca” tampoco es baladí. De acuerdo al sociólogo Karl Mannheim, como recogió en las páginas de Ideología y utopía, la mentalidad utópica socialista proyecta el reino de la sociedad sin clases en un futuro remoto, tras el derrumbamiento de la cultura capitalista. En esta tarea, el tiempo será el recurso estratégico para maximizar las ideas socialistas de cada momento. Unas ideas que contienen sustancia propia y unas condiciones precisas para su existencia, pero que también pueden llegar a esfumarse cuando pasan de moda hasta “ideologizarse”. Tal vez debamos interpretar en ese sentido las palabras de ese mismo líder partidista cuando decía en una entrevista el 18 de enero de 2015 en El País: “Las ideologías sirven poco. El juego de izquierda y derecha es de trileros”. La conclusión es obvia. Lo importante es saber qué idea presentar, defender y escenificar en cada momento, con la certeza de que desplegarán su eficacia redentora en el futuro. Ya sea la emergencia social, una crisis humanitaria o la memoria histórica, lo importante es aprovechar su potencial dinámico y su relevancia en cada momento. Esos son los ladrillos de la utopía.

En definitiva, bajo los ropajes raídos de esta “nueva política” se esconde la factoría utópica de izquierdas, que en su objetivo aplicará el tiempo como escenario de su lucha. Por esta razón, aunque compete al resto de actores políticos presentar una alternativa viable y atractiva capaz de neutralizar dicha narrativa utópica, no podemos olvidar el paso de las agujas del reloj. El joven líder y académico fue explícito al anunciar su alianza con Cronos: “Tic-tac, tic-tac... Comienza la cuenta atrás”.

Mario Ramos Vera es doctorado en Filosofía: humanismo y trascendencia, Universidad Pontificia Comillas. Exbecario FAES.