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"Cuando venga una adversidad, sigue braceando"

David Meca es el mejor nadador internacional de larga distancia de todos los tiempos. Veintiocho veces campeón del mundo, reúne más de cien títulos internacionales y numerosos récords mundiales en distintos retos deportivos. Entre otros, récord mundial atravesando a nado el Estrecho de Gibraltar, los ciento treinta kilómetros desde la Península hasta la isla de Ibiza o la travesía entre Tenerife y Gran Canaria. David Meca impartió una conferencia en el acto de entrega de los Premios Emprendedores de la Fundación FYDE- CajaCanarias.

Entrevista realizada por Rocío Celis. Radio El Día

Dice usted que no teme a los tiburones. ¿Esto es innato o tuvo que aprender a perder el miedo?

Eso tiene un pequeño matiz.

A ver…

A mí me da miedo -como a cualquiera le puede dar miedo- lanzarme en alta mar. Pero sí es cierto que cuando me lanzo en un proyecto deportivo o empresarial intento no tener miedo ni a los tiburones que hay dentro del agua, ni a los que hay fuera del agua con corbata y americana, que normalmente son los que te suelen atacar antes. Nunca hay que tenerle miedo a la vida. Lo que sí puedo decir es que los tiburones más peligrosos no están en el agua sino en nuestras mentes.

¿Y cómo se hace eso? ¿Cómo se superan los temores que preceden o acompañan a un
proyecto, una idea, un negocio, un sueño…?

Se superan teniendo grandes dosis de motivación, ya sea querer hacer algo nuevo o relanzar tu empresa después de un mal momento. Realmente el ingrediente más importante es la ilusión. Hagas lo que hagas o se dedique a lo que se dedique tu empresa, hay que hacerlo siempre con pasión. Yo no digo que todos queramos ser campeones del mundo de natación, mucha gente no lo querrá ser. Pero si eres empresario, si tienes una tienda de verduras, sé el mejor verdulero de tu zona, de tu ciudad o tu país. Disfrútalo y ve a tu trabajo sabiendo qué lechuga tiene más vitaminas o qué fruta tiene más antioxidantes, por poner un ejemplo. Vive y vive con pasión tu día a día.

Juan Antonio Samaranch, quien fuera presidente del Comité Olímpico Internacional, decía que usted personifica los valores más nobles del deporte y hablaba de perseverancia, afán de superación, capacidad de sufrimiento, autodisciplina, generosidad… Fuera del agua, a la hora de emprender en el mundo de la empresa, ¿concede el mismo peso a esos valores?

Sí, lo intento, me gusta hacer las cosas bien. Me retiré de la alta competición hace ya ocho años cuando gané el último Campeonato del Mundo de Natación y quise hacerlo por la puerta grande. Ahora en mi faceta de empresario, o como persona en mi día a día, intento moverme con esos valores que me han caracterizado y caracterizan a tantísimos deportistas y que tan importantes son en la vida.

Es especialista en largas distancias. ¿Gana quien resiste?

Por supuesto. No gana el que tiene más cualidades. Una de las cosas que dejé claro en mi conferencia es que un deportista, un campeón del mundo, una persona de éxito no nace. Yo nací con un montón de problemas físicos: pies planos, rodillas torcidas… Tuve botas ortopédicas, hierros en las piernas…, y nadie creía en mí. Y poco a poco con entrenamiento, con fuerza, dedicación, sacrificio y pasión he llegado a ser campeón del mundo de natación a pesar de haber tenido tantos problemas físicos como tuve al principio. Por eso digo que esto es una carrera de fondo. Y no piensen que porque el que esté al lado sea más alto, más fuerte, más listo o más creativo que nosotros puede ganar. Al final, todo es ponerle horas e ilusión. Esa es la clave.

¿Así consiguió batir a otros nadadores que eran más altos que usted?

No es mentira, es así si digo que he sido un luchador. He sido una persona que he entrenado más que el ruso, el americano, el chino y el alemán. ¡Muchísimo! Hace unos años, el periódico Marca hizo unos cálculos sobre cuántos kilómetros había hecho nadando en mi carrera deportiva si sumamos entrenamientos y competiciones, y los resultados fueron tres vueltas y media al planeta.

Qué barbaridad…

Imagínate, eso es una barbaridad. Pero es igual, lo hacía porque quería ser el mejor. Yo no sabía si iba a quedarme en campeón de España, campeón de Europa o del Mundo, pero fuera lo que fuera, quería sacar mi mayor rendimiento.

¿Hay que saber cuándo retirarse?

Sí, y cuándo toca dedicarse a otra cosa totalmente distinta, pero eso está en la voluntad de cada uno. Yo tenía muy claro que no quería ser de esos deportistas que se van arrastrando con tal de seguir cobrando de su patrocinador y aguantan y aguantan, y al final bajan el rendimiento, la gente tiene un mal concepto de ellos e incluso se retiran con tristeza en la cara. Yo siempre soñé: cuando mejor esté, ahí me retiraré para que el resto de mis días mire hacia atrás y diga qué bonita fue mi carrera deportiva. Me gusta acabar así y luego dedicarme a otra cosa -sea lo que sea- con pasión.

Insiste en la pasión, el esfuerzo… ¿Cuántos ingredientes son necesarios para triunfar frente a un objetivo?

Hay que ser constante, tenaz, luchador. Hay que levantarse con ilusión. No hay nada peor que levantarse e irse ya arrastrando desde primera hora porque no te gusta tu trabajo. Si no te gusta tu trabajo, intenta dedicarte a otra cosa. Les aseguro que no hay nada mejor que tener tu propia empresa. Vale que significará más trabajo -por supuesto que sí-, pero serás tu propio jefe y podrás decidir cuándo quieres una cosa y cuándo no la quieres, o cuándo te vas a ir de vacaciones o cuándo vas a trabajar veinte horas seguidas.

Nos ha dicho que un campeón del mundo no nace sino que se hace, pero ¿y aquellas cosas que no dependen de uno mismo?

Bueno, hay cosas que no dependen de uno mismo. Yo no soy un tío alto, soy bajito. Para ser nadador, medir 1,78 es muy bajo. Mis rivales alemanes y americanos tenían veinte centímetros más y los brazos más largos, algo que para la natación es muy importante. Pero al final, da igual porque a lo mejor yo entrenaba dos horas más al día, o entrenaba con más ilusión o quizás me esforzaba más, a saber. No podemos ser perfectos. ¿Quién dice que medir 1,90 es perfecto? Lo que tenemos es lo que tenemos para explotarlo y hay que explotarlo pensando que podemos sacar un gran rendimiento de ello.

Le he leído que recuerda momentos dificilísimos en los que las gafas de nadar se le empañaban porque lloraba. ¿Cómo se supera un bache? ¿Qué le dio resultado?

Te refieres a 1999 cuando me acusaron de lo peor que pueden acusar a un deportista, me acusaron de hacer trampas, de dopaje. Recuerdo que para mí fue un punto de inflexión. Lógicamente, cuando eres inocente, no has hecho más que entrenar y sacrificar tu juventud y tu infancia por este deporte, que te digan algo así es totalmente injusto. Y lo primero que se te pasa por la cabeza es cruzarte de brazos, ponerte a lamentar, llorar, colgar la toalla y tirar el bañador. Pero esa habría sido una decisión errónea. En ese momento pude decidir entre abandonar diciendo no merezco lo que han hecho conmigo, o decirle a mi entrenador –y eso fue lo que hice-: si hasta ahora me estás entrenando quince kilómetros, por favor, entréname veinticinco kilómetros cada día para volver y hacerlo por la puerta grande. Y así fue. Al final nos dieron la razón dos años y medio más tarde, pero nos la dieron y volvimos a la alta competición. Antes del problema yo era subcampeón del mundo de natación, después de estos dos años y medio volví y me convertí en el mejor nadador del mundo en la historia de larga distancia. Según la Federación Internacional gané más títulos internacionales que ningún otro nadador. Así que no hay mal que por bien no venga. Y cuando te venga una adversidad, ya sea en el deporte, en el trabajo o en la vida, sigue nadando, sigue braceando porque de nada sirve cruzarse de brazos y lamentarse. Hay que salir de ese agua, de los problemas o adversidades lo antes posible.

Ha diseñado el método Swim para aplicar su experiencia como nadador profesional al mundo empresarial. ¿Qué tienen en común el agua y las organizaciones empresariales?

Pues tienen mucho en común. Realmente, los valores que aprendes en el deporte son los mismos que puede tener cualquier empresa y además, los deportistas tenemos la suerte de aprenderlos desde que somos muy jóvenes. Trabajo en equipo, objetivos, motivación, estrategia, liderazgo…, son todos esos valores que cualquier empresario desearía que sus trabajadores tuvieran. Y esto es algo que ahora estamos impartiendo en las conferencias de motivación como hemos hecho en Tenerife y que intento transmitir con la mayor ilusión. Llevo mis medallas de campeón del mundo o vídeos en los que se ve el esfuerzo titánico que ha significado, por ejemplo, nadar desde la península hasta Baleares durante veintisiete horas y cincuenta minutos mientras te pican las medusas o vomitas. O cuando cruzamos desde Tenerife hasta Gran Canaria, que fue el primero de los retos grandes que hicimos y sin duda fue histórico, muy bonito.

Usted concentra el éxito con esas medallas a las que tiene tanto cariño, pero se expresa en plural. ¿No se puede llegar solo?

No, jamás. Nunca puedes llegar solo a ningún sitio. O puedes llegar, pero siendo mediocre. Quiero decir que para conseguir resultados extraordinarios necesitas tener un gran equipo. Y aunque parezca que lo mío es un deporte individual y que yo estoy en medio del agua, tengo a los mejores a mi lado. El entrenador, el barquero, mis padres que siempre me acompañan en todos mis retos, todos ellos… Si no tuviera un gran equipo, no habríamos sido campeones del mundo o no habríamos ido nadando hasta la playa de Las Canteras durante veintitrés horas y cincuenta minutos.

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